Este mes se publica un libro con entrevistas, y en febrero llegará la esperadísima traducción de la primera novela de David Foster Wallace, La escoba del sistema. Hablemos de él.

“Un pescado viejo y sabio nada hacia otros tres pescados y les dice: «¿cómo está el agua?», y se aleja, y los tres pescaditos lo miran alejarse nadando, y se miran y dicen: «¿Qué mierda es el agua?», y se van.”

La broma infinita (1996), de DFW

La broma infinita / Infinite Jest - Foto: mninha, en Flickr

La broma infinita / Infinite Jest – Foto: mninha, en Flickr

El dedo gordo del pie, ahogado dentro de un calcetín negro, se aleja de la silla que cae sobre el suelo del garaje de la casa que David Foster Wallace y Karen Green comparten en el 725 de Indian Hill Boulevard, Claremont 91711, California, mientras el autor de La broma infinita (LBI) se balancea como se mueven las hojas secas en las corrientes de aire, colgando de una soga mientras el sol termina de hundirse.

Las manos de Karen Green y Bonnie Nadell, la agente literaria de DFW, husmean entre las numerosas cajas que inundan el garaje de algo aún velado, y que dos meses después del suicidio de su esposo no resultan ya tan insoportablemente terribles para Karen. Bonnie introduce algunos CD en su portátil, Karen lee algunas hojas con anotaciones a mano. Intentan encontrar un orden en todo esto: llaman a Michael Pietsch. Él editó LBI y las últimas obras de DFW, por lo que sabrá interpretar los cientos de elementos aparentemente inconexos pero profundamente relacionados entre sí que inundan el garaje como fragmentos y esquirlas de un mismo espejo roto. Pietsch escribe esto en el prólogo de El rey pálido:

Al explorar el despacho de David, Bonnie y Karen encontraron cientos y cientos de páginas de su novela en progreso, designada con el título «El rey pálido». Discos duros, carpetas de archivador, carpetas de anillas, cuadernos de espiral y disquetes que contenían capítulos impresos, fajos de páginas manuscritas, notas y más. Volé a California invitado por ellas y dos días más tarde me volví a casa con un talego verde y dos bolsas del Trader Joe atiborradas de manuscritos. Poco después me llegaba por correo una caja llena de libros que David había usado en su investigación. [...] Karen Green y Bonnie Nadell me pidieron que montara con aquellas páginas la mejor versión de El rey pálido que pudiera encontrar. Hacerlo ha sido el desafío más grande al que me haya enfrentado.

De tal esfuerzo surge una de las novelas finalistas del premio Pulitzer de literatura de ficción en 2012, que quedó sin otorgar, por lo que los fantasmas de John Kennedy Toole y James Agee volvieron a las póstumas nieblas del olvido. Uno muere si lo olvidan, por muy vivo que esté. Y DFW vive.

La influencia de DFW sobre los escritores menores de treinta años es notoria. Puede ser por su constante mención del solipsismo y la depresión -the Bad Thing la llama él en sus cartas-; por la inclusión de un vocabulario familiar bajo estructuras complejas y frases proustianas de cientos de palabras; por la atención que muestra por la cultura popular, hasta el punto de nominar los años de LBI con marcas comerciales -Año de la Muestra del Snack de Chocolate Dove, por ejemplo-; por su interés por las adicciones -la gran seña de identidad de la sociedad occidental: “adicción a las drogas, adicción a la televisión, adicción a la soledad”-; por la desnudez con que expone sus miedos personales. Era patente en sus apariciones en televisión (poned el minuto 8:12):

La imagen que tenemos de DFW es la de un escritor hiperhidrósico con fuertes y persistentes problemas de depresión y un arraigado y adquirido interés por las palabras y la lógica formal, fruto de la influencia de su padre filósofo y de su madre filóloga (obsesa de las palabras, llegó a poner una reclamación en una tienda porque uno de los carteles tenía una falta de ortografía). El conflicto entre el orden absoluto de las matemáticas y los desórdenes mentales de un depresivo crónico forman parte del cogollo creativo de DFW. Otra de las raíces dobles de su arte son los intentos de encontrar una tercera vía entre las ilegibles aventuras experimentales del posmodernismo y las trilladas y repetidas estructuras y estrategias narrativas de la literatura popular -de la que le interesaba su capacidad para mantener el interés del lector o de construir historias sugerentes-. En palabras de Nadal Suau:

La clave radica, a mi entender, en un punto esencial de su escritura: la poderosa, irresoluble tensión entre la ironía posmoderna (…) y la vocación de decir algo honesto, compasivo y sólido.

Esta huida perpetua entre Escila y Caribdis, este equilibrio precario, esta indecisión entre descolgar el teléfono o quedarse en la ducha, puede encontrarse también en las películas de David Lynch. DFW admiraba la filmografía del director estadounidense, del que hizo una extensa -qué si no- crónica para la revista Premiere (aconsejo una visita al oculista tras la lectura de este enlace). A los dos les fascinaban lo bizarro y lo grotesco, y ambos compartían la intuición de que fuera de los límites de la realidad socialmente aceptada y difundida podrían estar las claves del desconcierto y la incomprensión que dicha realidad suscita. DFW dice que Terciopelo azul le ayudó mucho en una etapa en la que necesitaba algo así para orientar su escritura.

Quizás el rasgo más llamativo e identificativo de este esfuerzo por encontrar un camino intermedio en su obra sean las notas a pie de página. En LBI, las más de mil páginas de la novela se complementan con 388 notas, unas de unas líneas, otras de varias páginas. DFW dijo en una entrevista en la tele que él usaba las notas para romper la linealidad de la narración, para reflejar su percepción de la realidad sin convertir la estructura en un confuso revoltijo. Y añadió: “Podría haber mezclado las frases, pero entonces nadie se lo habría leído.”

Su gran amigo Jonathan Franzen, tantas veces comparado con DFW, optó por la ordenada y segura ficción del siglo XIX. Ambos eran miembros de una misma generación y representaban formas distintas de figurar el mundo. A DFW le apasionaban los perros -tenía dos: Bella y Werner- e incluso se planteó construir un refugio para perros maltratados. Franzen es una enciclopedia humana sobre cantos de pájaro. La tosca y secreta tierra, los brillantes palacios de cristal del aire.

Intentar reconstruir a David Foster Wallace es tan difícil como abarcar todos los posibles significados o -en un intento más humilde- intenciones de sus novelas, cuentos, artículos y ensayos. Buscar alguna relación entre las vicisitudes de la familia Incandenza y el abandono de la protagonista al comienzo de “Animalitos inexpresivos”; los vídeos didácticos de la Academia Enfield de Tenis y la obsesión por los plásticos y platónicos movimientos de Federer con una raqueta en la mano; la tediosa enumeración de categorías en los premios más importantes del porno estadounidense en “Gran hijo rojo” y la crónica de un viaje en crucero; sus ideas sobre la locura de Cantor ante el inabarcable infinito y la fría desesperación del Tractatus de Wittgenstein. Puede ayudarnos leerlo: como dice Rivka Galchen en su reseña de la biografía de DFW Every Love Story Is A Ghost Story, de D. T. Max:

Los personajes marcadamente autoconscientes, adictos y en ocasiones extravagantes de la ficción de Wallace no eran -Max nos ayuda a descubrir- algo difícil de imaginar para Wallace: los personajes eran una repetición de sí mismo.

Para empezar, leamos el discurso que DFW impartió a los alumnos que acababan de graduarse en el Kenyon College de Ohio en 2005. “This is water”, se llama. “Esto es agua”. ¿A qué se refiere DFW? Una cita abre esta entrada y dos citas la cierran. Un orden que planteo como mi homenaje particular al escritor que no pudo soportar el dolor constante de una mente que se siente sola porque es capaz de darse cuenta de lo que muy pocos pueden ver:

Lo que el pez quiere decir es que a menudo, las realidades que más cuesta ver y de las que resulta más difícil hablar son las más obvias e importantes. [...] El tipo verdaderamente importante de libertad implica estar atento, ser consciente y tener disciplina, y ser capaz de preocuparse sinceramente por otras personas y de sacrificarse una y otra vez por ellos todos los días en una miríada de formas insignificantes y poco atractivas.

Esto es agua.

David Foster Wallace - Foto: LividFiction, en Flickr

David Foster Wallace – Foto: LividFiction, en Flickr

Bibliografía

La broma infinita, de David Foster Wallace (2002), Literatura Mondadori, Barcelona, traducido por Marcelo Covián y Javier Calvo

El rey pálido, de David Foster Wallace (2011), Literatura Mondadori, Barcelona, traducido por Javier Calvo

David Foster Wallace en Wikipedia (en inglés)

15 revelaciones de la primera biografía de David Foster Wallace

El Pulitzer queda desierto

This is water: texto y audio (en inglés)

David Foster Wallace habla de Roger Federer (en inglés)

Rivka Galchen, sobre la biografía de D. T. Max sobre David Foster Wallace

Entrevista a Jonathan Franzen en “El País” (18 de septiembre de 2011) [habla de David Foster Wallace. Y de pájaros.]

David Foster Wallace sobre David Lynch

Escila y Caribdis en Wikipedia

Nadal Suau habla de El rey pálido en ‘El Cultural’ de “El Mundo” (11 de noviembre de 2011)

“Siete enseñanzas tragicómicas legadas por David Foster Wallace”, de Antonio J. Rodríguez

“Logoléptico”, de Antonio Villarreal

Vídeos: Youtube (apolloxias y pbsbgm)

Fotos: Flickr (mninha y LividFiction)