Hace unos días, TVE retransmitió el recital que dos de los más importantes cantautores españoles de nuestro tiempo –Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina– dieron en el Stadium Luna Park, en Buenos Aires. Sabina es especialmente querido en Argentina. Aquí es una figura polémica. ¿Quién es Sabina?

Joaquín Sabina - Gira Vinagre y Rosas (Madrid 15/12/2009) - Foto: jonzeta, en Flickr

Joaquín Sabina – Gira Vinagre y Rosas (Madrid 15/12/2009) – Foto: jonzeta, en Flickr

Busco acaso un encuentro que me ilumine el día (Calle Melancolía, de Calle Melancolía)

Un chico de pobladas cejas, boca de pez y una nariz como un puñal de carne lanza una botella ardiendo a una sucursal del Banco Bilbao en Granada. Lo hace para protestar contra el Proceso de Burgos. Es 1970. Su padre es policía y recibe la orden de detenerlo. El chico, oculto, necesita un pasaporte falso para salir del país. Logra convencer en pocas horas a un desconocido para que le deje su identidad. Este chico ahora viaja a París y luego a Londres interpretando el papel de Mariano Zugasti. En la ciudad inglesa duerme unos días en la casa de su novia Lesley, y se traslada a vivir a un piso de okupa. En el coro de Babel, desafina un español. Trabaja de camillero, de hombre-anuncio, de camarero. Toca la guitarra por las calles de Notting Hill. Dice la gente que le canta a George Harrison en una taberna mexicana. Durante un tiempo, aloja a miembros de ETA:

Yo tuve en mi casa de Londres a etarras y era una gente encantadora que pegaban tiros en la nuca, algo que nos parecía una cosa muy graciosa en ese momento. Y hacíamos mal. Porque de aquellos polvos vinieron estos lodos. Así que creo que la gente como yo está muy obligada a estar muy en contra y a decirlo muy alto por cobardes que sean. Y yo lo soy como el que más.

Años después, con amigos en todas las esquinas y un primer poemario vendido a golpe de labia en el mercado de Portobello Road, regresa a España. Franco ya se ha muerto y Mariano Zugasti ya puede quitarse la máscara. Nace Joaquín Sabina.

Joaquín Sabina en un concierto en 2006 - Wikimedia Commons

Joaquín Sabina en un concierto en 2006 – Wikimedia Commons

Sabina es una de las principales muestras del artista autorreferencial: en sus temas nos cuenta cómo fueron sus mujeres y las putas que pagó, la canción que le compuso a dos yonquis que le atracaron, que el alcohol y la droga fueron su más pegajosa compañía, las cosas que le pudieron haber pasado si hubiera sido más valiente. Sabina habla de sí mismo, y lo hace muy bonito. Puede ser el español con la biografía mejor cantada de la historia.

Lo que fascina de Sabina es que no le hace falta usar palabras largas y raras para hacer algo bello. Medias negras tiene la espontaneidad de una conversación con amigos: La vi en un paso cebra toreando con el bolso a un autobús / llevaba medias negras, bufanda a cuadros, minifalda azul. / Me dijo tienes fuego, tranqui que me lo monto de legal, / salí ayer del talego, qué guay si me invitaras a cenar. Y es algo bello porque Sabina es un tipo vivido y leído. Entre anécdota y anécdota, ha aprendido de Jorge Manrique, de Fray Luis de León, de Quevedo, de Pablo Neruda, de José Hierro, de Gabriel Celaya, de Proust, de Marcuse, de Joyce: “Todos los poetas muertos que viven conmigo, que están en mi corazón, están más vivos que nadie, los lleva uno para siempre: por ejemplo, Machado; por ejemplo, César Vallejo; por ejemplo, Cernuda”. Y ha escuchado también: a Bob Dylan, a Leonard Cohen, a George Brassens, a José Alfredo Jiménez, a Tom Waits, a Paolo Conde.

Ya con catorce años componía versos y tocaba con su banda Merry Youngs temas de Elvis Presley, Chuck Berry o Little Richard. Su padre le quiso regalar un reloj y Sabina -cuando aún se llamaba Joaquín Ramón Martínez- prefirió una guitarra. Empieza Filología Románica en Granada, pero un día, poco antes de entrar en el servicio militar, él y unos amigos mojan con aceite de motor un trapo, lo embocan en una botella y le prenden fuego. Varios cristales salen volando y él también tiene que volar. Vuelve en 1977, gracias al pasaporte legal que el cónsul Fernando Morán le proporciona. Sabina se va de Londres, pero los años de Londres no se irán de Sabina:

Me influyeron muchísimo. Son unos años en los que no cumples años. Estás siempre pensando `se va a morir Franco y voy a volver’, y llevas una vida transitoria, en la que no echas raíces; no construyes casa ni acumulas dinero e, incluso si tienes novia, piensas que no es para siempre porque volverás. Lo cual es estupendo, porque te da una sensación de provisionalidad fantástica.

Olvidémonos de Londres. Cuando Sabina dice que “todos los finales son el mismo repetido”, no se refiere a acabar todos los capítulos con la misma historia.

Al menos en las entradas de un blog.

Joaquín Sabina en un concierto - fotopedia.com

Joaquín Sabina en un concierto – fotopedia.com

Si lo que quieres es cumplir cien años, no vivas como vivo yo (Pastillas para no soñar, de Física y Química)

Qué bonito lo cuenta aquí un periodista de El Mundo (no aparece su nombre):

Sus canciones nos revelan que, tras ellas, se esconde un ser aterido a la búsqueda constante del amor, del beso, de la mano amiga. Alguien que se mueve, motu proprio, por entre una galería de personajes que vienen a simbolizar todo aquello que nos aterra -la soledad, el fracaso, la locura-, tratando de hallar en medio de ese paisaje desolador, de ese terreno estéril, una imposible flor que lo inunde de belleza y de luz, que lo aleje por siempre del dolor. ¿Es acaso un masoquista? ¿Un suicida? No. Simplemente un jugador.

Un jugador que deja abiertas las puertas de su casa a cualquiera. Sabina ha sido casi siempre alguien que se siente mejor con alguien al lado. En este documental de Ramón Gieling se puede ver cómo muchas personas aún conservan una llave del bloque donde vive Joaquín, aunque Joaquín ya no parezca ser el mismo de antes, alejado de la gente: “Yo no sé leer y escuchar música al mismo tiempo, así que prefiero cien veces leer”. La puerta de su casa ya no tiene la misma cerradura, así que no puede ocurrir lo que Sabina cuenta que le pasó hace años:

Una noche salí de mi dormitorio y había en un salón una fiesta de cubanos; en otra habitación, una fiesta de amigos míos que no conocían a los cubanos y, en mi despacho, una pareja de okupas que no conocía a nadie, ni siquiera a mí viendo un partido. Que qué hice, me fui a dormir a un hotel.

Pudo ocurrir perfectamente en la época de La Mandrágora, el bar donde actuó con Javier Krahe y Alberto Pérez y donde demostró al público y a los directivos de las compañías discográficas que no le hacía falta cantar con otros para brillar. Comienza a tocar con su banda Ramillete de virtudes temas que lo encumbrarán como trovador de una de sus ciudades favoritas (quizás se podrían añadir a la lista Buenos Aires y, porque tiran las raíces, Úbeda: “Es una de las ciudades más hermosas del mundo. Se puede pasear por el s.XVI a las tres de la mañana, sin cruzarte con un alma”): Pongamos que hablo de MadridPisa el aceleradorCaballo de cartón. ¿Alguien puede hacer un estribillo con paradas de metro?: Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal, / ¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar? / Cuando la ciudad pinte sus labios de neón / subirás en mi caballo de cartón.

Sabina es un andaluz madrileño, un aficionado a los toros (“Yo soy incapaz de defender los toros porque son indefendibles; lo que pasa es que me gustan muncho“). En esta entrevista, Jesús Quintero le saca cosas que Sabina “no quería decir”:

Nos tocaba crecer y crecimos, vaya si crecimos, / cada vez con más dudas, más viejos, más sabios, más primos (Resumiendo, de Alivio de luto)

Sabina vivió una fuerte depresión tras sufrir un infarto cerebral en 2001. Más tarde se recupera, pero cambia su forma de pensar. Quizás se tranquiliza: canta por el mundo con Serrat, aunque a veces se va de farra con los de Pereza. Es tiempo para recapitular: le ha cantado al amor y a su envés cabrón, a la libertad, a la descorazonada rutina, a Abelardo y Eloísa, a la caprichosa ley del azar, a la posguerra, a la melancolía. Dos frases: “La melancolía es un jardín donde crecen bien las canciones” y “El tiempo que se pierde quizá sea el mejor material poético”. A tantas otras cosas tan difíciles de entender. Aunque no pensara en un principio hacerlo:

Yo quise escribir desde siempre. Mi proyecto de vida no tenía que ver con los escenarios: era dar clases de literatura en un pequeño instituto, como hacía San Antonio Machado, y en los fines de semana o por las noches escribir unas novelas muy vanguardistas que nadie leyera.

Suerte que la suerte fue más fuerte que Sabina.

Fuentes

Proceso de Burgos en Wikipedia

Entrevista a Joaquín Sabina en Interviú

“Historia de un enemigo de la vejez”, en El Mundo

Encuentro digital con Joaquín Sabina en El Mundo

Entrevista a Joaquín Sabina en JotDown (también un artículo en JotDown sobre Abelardo y Eloísa)

Fotos: Wikimedia Commons, Fotopedia y Flickr (jonzeta)

Vídeos: Youtube (merolandres y Buleria86)

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